Porque a los hispanos no les gusta la bancarrota

   El término “bancarrota” es una traducción directa del inglés, bankruptcy, pero las dos palabras tienen significados distintos en sus respectivos idiomas.

     En inglés la palabra se refiere a una compleja ley federal que regula las relaciones entre deudores y acreedores, y que se aplica a los particulares, las compañías, las entidades municipales, e incluye la quiebra y la suspensión de pagos.

     Pero en español “bancarrota” se relaciona con una quiebra, de una persona física o jurídica, que procede de una falta grave o del fraude. Por lo tanto, “quiebra” y “bancarrota” son vocablos muy malsonantes en castellano, y en la cultura hispana ser “deudor moroso” es casi lo mismo que ser “estafador” o “delincuente.”

     Quizá por eso, el hispanohablante que vive aquí y que tiene deudas que no puede pagar sufra más que los estadounidenses de otras culturas. Se angustia tanto porque piensa que en cualquier momento lo van a meter en la cárcel por no pagar las cuentas. Es más, esta “herencia cultural” hace que muchos hispanos vivan acorralados por sus acreedores en vez de ampararse de las leyes de bancarrota.